jueves, 18 de marzo de 2010

Diarios de las familias

El pasado día 12 de marzo pusimos en marcha una experiencia, paralela al Aula de Desarrollo de Capacidades, para dar a conocer a todas aquellas familias interesadas las metodologías y estrategias que se practican en el Aula. Se invitó a los padres y madres a participar en una sesión como las que realizan sus hijos e hijas y desarrollar una actividad, previamente experimentada en el Aula. Veintitrés personas participaron en esta experiencia y por unas horas se convirtieron en alumnado y experimentaron las sensaciones que, habitualmente, viven los niños y niñas del Aula. La actividad que se desarrolló fue la primera parte de "La isla", trilogía de actividades consistentes en poner en acción diferentes mecanismos.
En esta actividad se:
  • Genera la necesidad de trabajar en equipo y seguir un proceso.
  • Obliga a reflexionar sobre lo qué es realmente esencial.
  • Establece una interconexión de los conocimientos poseídos.
  • Obliga a desarrollar el pensamiento lateral.
  • Aportan conocimientos colaterales previstos o imprevistos.
Para mí la experiencia resultó de lo más gratificante, no sólo por la alta participación, sino también por la ilusión e implicación con la que se afrontó por parte de todos los participantes. Debo decir que resultó de lo más educativa e ilusionante. Tal es así que es posible que lo repitamos más adelante.
Como colofón a la actividad, uno de los padres sugirió la posibilidad de, que al igual que el alumnado, las familias realizasen un diario de la sesión. Se planteó esta iniciativa y ésta es la respuesta:

Rosa Serrano, madre de María Esaín
El día 12 de marzo volví a sentarme en un pupitre en el colegio, como hacía muchos años. Fernando nos propuso a los padres en una reunión si queríamos conocer como trabajaban nuestros hijos en el aula de desarrollo de capacidades, me pareció muy interesante y allí estaba, sin saber muy bien qué era lo que Fernando nos iba a preguntar y lo que es peor, si lo iba a saber contestar.
Nos pusimos en grupos de 4 ó 5 padres y en cada mesa teníamos un reto que ellos ya habían hecho, seguramente mejor que nosotros. Teníamos que sobrevivir en una isla desierta en unas circunstancias un poco peculiares y con lo que la naturaleza nos proporcionase. Tuvimos que pensar y razonar, no sé, yo creo que no hubiese aguantado mucho.
Me resultó muy interesante el trabajo en grupo, debatiendo entre nosotros para luego exponerlo y defenderlo con el resto de opiniones de los otros grupos, además el reto de los números también nos hizo pensar.
Me pareció una experiencia muy gratificante y pudimos ver de forma personal como eran esas clases en las que mi hija lo pasa tan bien y va tan contenta. 

Maite Lázaro, madre de Violeta Campillos
Diario de una mamá:
El pasado viernes, 12 de marzo del 2010, estuvimos unos cuantos padres de alumnos del aula de Capacidades, invitados por el profesor de nuestros hijos, para realizar una sesión de trabajo igual a la que ellos realizan habitualmente.  Nos repartimos por grupos y comenzamos una actividad que había en una serie de papeles sobre la mesa. Trataba que íbamos en un barco, naufragábamos y teníamos que  intentar sobrevivir en una isla de excasos medios. De todo lo que la isla te podía proporcionar había que conseguir 5 elementos o cosas fundamentales para la supervivencia.
Tuve un equipo de compañeras estupendas y creo que lo conseguimos.
Intentamos posteriormente realizar unos juegos o puzzles realmente difíciles que sin ayuda del solucionario nos fué imposible.
La experiencia fué fantástica. Veo muy positivo que los chicos aprendan a trabajar juntos para sacar proyectos comunes adelante sin perder su individualidad.
Estuvo genial.

Eva María Varona , madre de Alba García
El viernes 12 fuimos a clase de capacidades, como nuestros  chicos, yo estaba un poco nerviosa pues no sabía lo que ibamos a hacer.
Al llegar nos dividimos en equipos y Fernando nos repartió un ejercicio de supervivencia, debíamos elegir cinco cosas imprescindibles para sobrevivir y además razonar porqué y cómo conseguirlas. No tuvimos ningún problema a la hora de decidir cuales eran, pero, si discrepamos un poco en el orden de necesidad.
Lo más divertido, fue cuando tuvimos que leer los resultados, en mi equipo teníamos la certeza de que conseguiríamos fuego frotando un palo en algunas hierbas secas, Fernando nos dijo que eso era practicamente imposible y nos explicó que había otro método, pero no entró en muchos  detalles. ¿Quizás en la próxima?
A pesar de eso, conseguimos pasar la prueba.
Para mi la experiencia ha sido muy positiva, ahora entiendo porque los chicos están encantados de ir y creo que también puedo empezar a a entender un poco, la dinámica y el objetivo de estas clases.
Pienso que lo mejor de esta clase es, como les hace preguntarse cosas, que ellos jamás se hubieran planteado de otro modo, como se va desarrrollando su curiosidad, su confianza en sí mismos y su responsabilidad con ellos y hacia los demás.

Javier Tortajada, padre de David Tortajada
En Zaragoza a 16 de marzo de 2010.
 Cumpliendo los mandatos de mis mandaderos, y un poco la obligación sobrevenida; procedo a cumplir con la tarea de comentar “He estado en la clase de Fernando”.
Debía de existir una convocatoria para padres de alumnos de la clase de Fernando y me dijeron: “que tienes que ir a la clase de Fernando”. El día 10 a la tres y media de la tarde.
Y yo que cuando no sé las cosas las suelo preguntar, pues pregunte ¿y que nos van a contar, que hay que hacer? Pues no lo se pero tu vas y te enteras, creo que fue la respuesta. Es posible que fuese otra, pero me quedo con esta que me gusta.
David, ¿Qué como se llega a la clase de Fernando?, pregunte. ¿Sabes cual es la escalera que hay enfrente de secretaria? Pues subes arriba(es lo que solemos hacer algunos, subir arriba y bajar abajo), giras a la derecha, pasas la biblioteca y a la izquierda y a la derecha después de los baños es la clase de Fernando. Y tiene unas fotos puestas en la puerta.
Bueno, pues allí  me encamine yo, después de dejar al pequeño, que siempre entran tarde y me cruce en la puerta de entrada de la clase con Fernando al que conocía de vista, dado que un viernes por la tarde me dijeron” ese es Fernando”, apuntando con el dedo.
Cuando entre en la clase, me pare a observar y vi en el centro, hacia la parte de atrás, un grupo de tres madres, sentadas, cuando por delante había 3 grupos con más gente. Allí me acerque, salude y me senté.
Al instante Fernando alzo un poco la voz para que lo escuchásemos y nos dijo, o así lo entendí: “sobre la mesa tenéis un escrito, que debéis leer y contestar a una seria de preguntas que se os formulan. Tenéis cuarenta minutos para ello”. Debí de poner cara de estupefacción y pensé: ¡Qué!, Que nosotros tenemos que hacer….. Y ya empecé a entender de qué iba la cosa.
En aquello llego otra madre, que se unió al grupo, de hecho se conocían y nos pusimos pues a leer el texto. Me presente al resto del grupo, dado que no conocía a nadie y seguimos con la lectura lateral, dado que yo estaba de lado y no veía casi nada. Nos hicimos con otro texto que había en la mesa de atrás. Nos fue prácticamente confiscado, para no dar ventaja a ningún grupo.
Mientras tanto Fernando se iba paseando entre los grupos, estaba gozoso, y nos iba explicando un poco de que iba la cosa.
Esto es un reto que se pone al grupo como una actividad de trabajo, nos iba haciendo hincapié en lo que más o menos nos podía orientar. Respondía sibilinamente a nuestras inadecuadas preguntas. Y es que ya me lo decían de pequeñito: “leeros el enunciado”, “responded a lo que se os pregunta”
Y nosotros adultos ya, pletóricos de sabidurías, conocimientos y vastas experiencias en la supervivencia, en coger cocos, en hacer cuchillos de pedernal y en apropiarnos de la cueva de protección oficial de los pobres pumas; íbamos de dislate en dislate. Cometiendo pues todas las faltas que debíamos de cometer.
Fernando nos fue comentando, que ese era un método de trabajo, no eran nuevos conocimientos sino una forma de trabajo en equipo y de operatividad frente a un problema o reto.
Nos fue comentando como se desarrollo este ejercicio con el grupo de niños. Nos lo hizo tal cual se supone que lo hace con los alumnos y la función de esta clase didáctica para aprendices de padres, era que viésemos un poco lo que realizan en las clases de Fernando y pasárselo tan ricamente, viendo que aunque peinemos canas seguimos siendo niños.
¡Ah! y los paréntesis se ponen donde hay que ponerlos, y no hay que poner ni mas ni menos.

Diario de una iniciativa por Isabel Bazán, madre de Julia Molina
El pasado 12 de marzo Fernando nos invitó a todos los padres que lo deseáramos a participar en su aula y observar por nosotros mismos las dinámicas que se siguen en sus clases y que nuestros hijos son tan parcos en explicar.
Desde mi punto de vista la respuesta fue bastante buena porque no es nada fácil conseguir reunir a más de 20 adultos dispuestos a "un no sabemos a qué vamos" y esa incertidumbre de no saber que vamos a hacer y en que compromiso nos va a poner este hombre.
Yo acudí a la cita tan nerviosa como ilusionada porque los comentarios de los niños eran: ¡Ya verás, ya!; jo, que morro, vosotros lo teneis muy fácil; o seguro que no sabes resolverlo y no pasas el reto. Ante comentarios tan dispersos a una se le revuelve un poco el cuerpo y no sabe que pensar, porque es cierto que si la actividad a realizar tenía algo que ver con conseguir pasar a los monjes sin que se los  coman los canívales..... ibamos apañados.
Así que acudí con gran incertidumbre pero con muchísima ilusión..... y es que normalmente cuando se habla del aula de Fernando ...!todo impone! Tengo que reconocer que jugaba con algo de ventaja, ya que había tenido la oportunidad de conocer a Fernando anteriormente y verlo trabajar con los niños; y no sólo esa imagen de señor serio que impone, y que conocemos de las reuniones; y para él que no haya tenido esa oportunidad, creanme que la transformación es total; pasa a convertirse en un niño que disfruta enormemente del interés y la perspicacia de los alumnos con los que se encuentra. No entiendan con esto que se pone a su altura, sino que los empuja a ir más allá.
Desde mi punto de vista la clase fue una gran experiencia, en la que padres que no  nos conocíamos nos pusimos a hablar, divagar y dar explicaciones como si fuesemos niños; y pudimos observar de forma muy clara la dinámica de la clase, en la que a nuestros hijos se les obliga a pensar y reflexionar sobre temas muy cotidianos pero de una forma diferente a la que están acostumbrados.Y todo esto siendo unos simples naúfragos.
Creo que deberíamos repetir la experiencia todas las veces que fuese posible, porque también es una manera de conocer al resto de los padres, y no sólo del hola y adiós de las puertas del colegio.
Mi única queja es lo excaso del tiempo, porque a mí se me pasó volando, y creo que muchos padres son de la misma opinión.
Ahora he entendido por primera vez a mi hija cuando siempre está tan reticente a escribir el diario del aula, y siempre: !luego lo hago, es que no sé que poner!. Y es verdad no es fácil expresar una experiencia vivida sin atenernos solo a los hechos.
Desde este diario quiero agradecer a Fernando la oportunidad de hacernos partícipes del aula y de su tiempo, y espero que él haya disfrutado tanto como nosotros.
Un saludo y gracias.

Azucena Macho, madre de Pablo Díez
El 12 de marzo, algunos padres de alumnos que asisten al Aula de Desarrollo de Capacidades, asistimos al aula, para convertirnos nosotros mismos en alumnos.
Cuando llegamos la clase estaba organizada para trabajar por grupos, con la documentación necesaria colocada sobre las mesas. En ella se nos informaba de que nos habíamos convertido en náufragos que se encontraban en una isla cargada de peligros y debíamos enumerar cinco elementos que podían ser esenciales para sobrevivir.
En el grupo en el que yo me encontraba, no comprendimos  las consignas del mismo modo que los demás, porque, partíamos de que para sobrevivir sólo se necesitaba agua y comida, y nosotros incluimos en la lista elementos que podían ayudarnos a conseguir eso en primer lugar, y que además podían facilitar nuestra existencia en un medio hostil.
La actividad planteada a los chicos, incluía además retos para obtener puntos extra, porque no se limitaba al problema de la isla, aunque obviamente nosotros no podíamos hacerlo todo en una sesión tan corta. El reto numérico lo resolvimos, pero los puzles fueron tarea imposible.  
El objetivo de la actividad era que los padres pudieran saber cómo se desarrollan las actividades del aula y realizarlas en primera persona. Pero además de eso, creo que la mayoría de los que estuvimos pasamos un rato muy divertido. También conseguimos ponernos a trabajar en equipo para resolver un problema.
En todos los diarios de la actividad, los alumnos deben decir si les ha gustado la actividad y lo que han aprendido. Yo voy a utilizar la frase que ellos repiten en sus diarios “La clase fue muy chula”, y también añadiré  que no somos realmente conscientes ellos (y tampoco lo son ellos) de lo que supone para reflexionar sobre algo tan abstracto para chicos de primaria, como el proceso de aprendizaje, porque en ningún momento son conscientes de que en una actividad desarrollan el pensamiento lateral. Y sin embargo son capaces de hablar con autocrítica de una actividad en la que casi siempre se les exige no solo un esfuerzo de reflexión y comprensión, también trabajo en equipo, y capacidad para realizar un proyecto que no represente una consecución inmediata.

Ana Escobar, madre de Fernando Martín
Lo primero gracias, por emplear tiempo y esfuerzo en nosotros que no somos el objetivo final, por enseñarnos lo que hacen nuestros hijos y por dejarnos ver porqué van tan contentos a capacidades.
Yo me divertí, y si es posible repetir la experiencia me apunto, cumpliendo objetivos, contestando preguntas, me faltaron horas porque cuando me di cuenta me tenía que ir. Estaba  sentada en un grupo en el que si bien éramos amigas y habíamos tomado litros de café  (menos con una aunque la conocía) nunca habíamos trabajado de ninguna manera juntas,  pero sin problemas. No hubo problemas para ser equipo y ponernos de acuerdo en menos de 5 segundos. En cuanto al tema de la clase  estuvo bien, había que leer y comprender, pero el tema daba para más tiempo. ¡Menuda colección de Robinsones teóricos! Sobrevivir en una isla desierta, por suerte, no tenemos que comprobar nada de lo que escribimos...

1 comentario:

javier dijo...

Es tentador.
pero no lo hacemos.
Ese poquito de pudor o verguenza.
!Ay! que diran.